Hablar en público no es solo comunicación

Es mucho más que un acto comunicativo.

Hablar en público activa algo más profundo que simples nervios.

A veces, algo interno nos frena.

Cuando las manos, las piernas, la voz… tiemblan; la mente se queda en blanco… el cuerpo entra en alerta y es cuando descubrimos que algo mucho más profundo se activa.

Algo de nerviosismo es natural, necesario; nos mantiene atentos.

El problema surge cuando el miedo no nos mueve, nos paraliza. Cuando la atención abandona el mensaje y se coloca sobre nuestra propia imagen; deja de ser expresión y se convierte en exposición emocional. 

Sudor, taquicardia, temblor, vacíos en la mente… El cuerpo no nos traiciona, nos señala qué parte no ha sido atendida.  No es debilidad, son señales de una desconexión entre mente y cuerpo. El cuerpo está interpretando la exposición como una amenaza y activa una estrategia de protección.

Como defensa, el cuerpo reacciona.

¿Y si lo entendemos como una invitación a recuperar nuestra coherencia interna?

Nos enseñaron a hablar pero no a comunicar. 

Nos enseñaron a callar.

Al se debe o no se debe.

Hablar, no desde el deber, sino desde la autenticidad.

Hablar en público habla de nuestra historia personal.

Cuando nos corrigieron de manera humillante, se rieron, nos invalidaron…

Es enfrentarnos a la posibilidad de que nuestra vulnerabilidad sea vista. 

De volver a ser invalidados.

No se trata de luchar contra el miedo a hablar en público, sino de comprender qué parte de nosotros pide ser reconocida a través de él.

Si nos preguntamos primero ¿qué parte de mi historia necesita ser reconocida?, nos colocamos en el camino de la autenticidad.

Y nos preguntamos después ¿Para qué quiero hablar? ¿Desde dónde lo hago?

Propósito y ser conscientes de que somos un cuerpo que ha recogido toda nuestra historia y nuestras emociones.

Cuando el foco está puesto en el mensaje y no en la imagen que nos interesa proyectar, la voz se libera.

No hablar desde la perfección, no desde el control.

Hablar desde el cuerpo. 

Desde nuestra verdad que empieza cuando entendemos que podemos moldear nuestra forma de interactuar con el mundo. 

Y que todo es una cuestion de conocernos cada vez más y de ser conscientes de que el cambio es una constante en la vida. 

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