17 de septiembre de 2021

Una historia sobre la pérdida del orgullo

Con cada crisis que he pasado, haya sido personal, emocional, familiar, económica, política, psicológica, laboral, sanitaria, de fe, psiquiátrica, amorosa, de pareja, como madre, animal, como mujer, como persona; con cada crisis, repito; me he ido sintiendo cada vez más inútil. Es algo así como que me he ido desprendiendo del orgullo. Pero no sintáis lástima por mí porque creo que he ido perdiendo el orgullo que creo que había que perder, el malo; ese que no te sirve para nada. Aunque si me he ido sintiendo cada vez más inútil, igual el orgullo sí sirve para algo, no sé; aquí tengo mis dudas…  

He perdido el orgullo, repito, pero no la dignidad; o al menos creo que no la he perdido del todo. Osea, que he perdido el orgullo, ese orgullo que te hace no perder la dignidad; no sé si me estáis entendiendo porque yo veo personas con mucho orgullo pero con muy poca dignidad. Entonces si es así, no me importa haber perdido todo el orgullo. Porque sí, para qué esconderme; lo he perdido todo. Y no me importa, de verdad; no me importa  en absoluto. Mientras me quede en mi casa y no me relacione con nadie, no me importa. Porque yo en mi casa estoy súper orgullosa de mí, de mis logros, éxitos, de mi cuerpo, mi pelo, mi estilo de vida, mi forma de pensar… yo me quiero, me quiero mucho. Cuando estoy sola en mi casa me quiero muchísimo. Me gusto y me gusta lo que hago y mi trabajo y lo que he conseguido en la vida porque yo he conseguido mucho en la vida. He conseguido tener seguridad en mí misma, autoestima, amor propio que es lo mismo que la autoestima ¿no? Que yo cosas materiales igual no he conseguido en la vida y las que he conseguido ha sido a golpe de préstamo y total es todo del banco, no es mío ¿o sí? En fin, que yo me quiero mucho y me gusto. Mucho. Ahora, es salir a la calle y debo de tener algún agujero en el cuerpo por el que se me escapa ese venirme arriba. Es salir a la calle o abrir mis redes sociales y ya noto esas miradas de los demás. Miradas que no sé exactamente cómo me miran pero yo noto que me hablan y me dicen anda que, no vayas tan subidita que total para lo que has conseguido en la vida…

Y es que con cada crisis he perdido el orgullo y las ganas de defenderme de esas miradas; he perdido las ganas de todo. He perdido el orgullo pero habíamos quedado en que me había quedado la dignidad, ¿no? ¿O no? Lo de la dignidad lo dejo para otro momento… lo que sí estoy segurísima que me ha quedado después de haber perdido el orgullo, es el amor. Sí, el Amor. En mayúscula. ¿O se dice en mayúsculas? Aunque también es verdad que cada vez amo a menos gente y cada vez menos gente me ama a mí. Cada vez amo más a los animales. Y los animales me deben de querer más a mí ¿no? Esto es una regla de tres ¿verdad? Yo miro a un perro por la calle y le saludo. Y él me saluda. Las personas no me hacen esto. Claro que tampoco voy por ahí saludando a la gente. Igual si saludara, a las personas quiero decir; ellas me saludarían a mí. Pero ¿Cómo las voy a saludar si me miran así como si no hubiera conseguido nada en la vida? Últimamente me ha dado por amar a las plantas. Que yo ya las amaba antes pero ahora las amo más y les hablo y les cuento mis cosas, mis dudas y pensaréis que es un poco raro pero noto que me escuchan. Las personas no te escuchan. Para que te escuchen tienes que pagar y yo ya con los préstamos y el pilates y las cremas y los aguacates tengo bastante; no llego a todo. ¿Qué pensarán las plantas de mí? igual piensan también que no he conseguido nada en la vida. Como piensen eso, no las riego más.

He perdido el orgullo y me siento bien, liberada. De amor, tengo lo que tengo que tener. Creo… esta semana estoy notando que las plantas no me escuchan igual. Lo que también me ha quedado, después de perder el orgullo, es el humor. Aunque bueno, tampoco podría asegurarlo porque ¿cómo mides tu sentido del humor? ¿Cómo sé que tengo sentido del humor? ¿Mi sentido del humor depende solo de mí o necesito la aprobación de los demás? Y si les cuento chistes a las plantas y noto que les hace gracias, ¿significaría esto que soy graciosa? Regaré a las plantas, así puede que se rían de mis historias; aunque solo sea para que las siga regando.

Se me olvidó decir que también tengo crisis de creatividad… si es que alguna vez la he tenido, la creatividad quiero decir.

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Natalia Bravo

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