28 de agosto de 2021

Mar muerto

Hace tiempo que no siento hormigueo en el pecho ni cosquillas en la barriga, que la piel no se me eriza, que no sonrío sin razón, no río hasta dolerme la mandíbula.

No recuerdo el dolor en el pecho, el rubor, desviar ligeramente la mirada por vergüenza, el nudo en el estómago.

Ya no se me hacen nudos en la garganta cuando las palabras se me amontonan por todo lo que quiero decir, ni el corazón se convierte en un puño tan fuerte capaz de atravesar mi pecho.

Hace tiempo que nada me atraviesa hasta el punto de quedarme inconsciente en un limbo de placer, que nadie susurra en mi oído hasta hacerme flotar en el cosmos.

Ya no escucho risas espontaneas y reales, ni conversaciones interesantes en los bares; solo monólogos que pretenden forzar la risa… o quizás, solo pretenden forzar.

Fuerzo las ganas de sentir. Ya no sé si tengo piel. Soy incapaz de sentir. Acaricio mi piel y no la reconozco, rozo el viento con la yema de mis dedos y no me provoca nada, toco objetos que han convivido conmigo y no recuerdo mi vida.

Vida. Una tarde verano. El sol calentando mi piel salpicada por sal. Abrazar el agua, que el viento del norte me obligue a perder el equilibrio, la luz quemándome los ojos; ofreciéndome la vida. Reír, abrazar, hablar, jugar, besar, respirar, beber, amar, comer; al mismo tiempo. Con orden caótico, con esa especie de caos ordenado del que está formada la eternidad.

Y de golpe, una sacudida. La eternidad se ha convertido en una palabra pesada y casposa. No tengo oxígeno. El golpe no fue mortal. Desgraciadamente. No debería estar permitido morir lentamente. Prefiero la muerte a la agonía. Ser consciente de que cada grano de arena del tiempo es una amenaza, me duele más que morir.

Añoro esos tiempos en los que no existía el tiempo, todo era porque era. Ya no floto. Ya no siento. El golpe solo me dejó la vista, puedo ver; puedo verlo todo. Puedo ver pero nada me atraviesa, nada me roza, me toca. No siento. No vivo. Morir no es el antónimo de vivir; no sentir es lo que me quita la vida.

La vida es mucho más sencilla, solo necesitas oxígeno: decía mi madre. Pero el oxígeno es un bien preciado, cada vez más caro. Una moribunda como yo, ya no lo puede comprar.

¿De qué me sirve ver si no siento nada?

¿De qué os sirve ver si todo está muerto? ¿De qué os sirven las gafas y las cámaras sumergibles si no hay vida? Se me olvidaba que no os importa sentir, solo mirar, miraros el ombligo.

Y yo, que antaño fui mujer para ser después mujer pájaro me castigasteis siendo mujer pez y descubrí que en el mar se puede volar y ser libre para ahora matar mi aire. Muero y solo os dejo mi espejo, ese en el que de nada os sirven vuestros maquillajes; en el que solo podéis ver vuestra vanidad y codicia.

Un día cualquiera del verano de 2021. Vas a la playa, a una cercana; para pasar el día tomando el sol, nadando, buceando… Sacas tu bocadillo, tiras al mar una miga de pan… ningún pez va a por ella. Nadas, buceas… ni ub solo pez. Solo personas con sus cámaras sumergibles haciéndese fotos debajo de un mar que no tiene apenas vida.

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Admin
Natalia Bravo

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