4 de febrero de 2022

¿Existe el Amor a primera vista en comunicación?

Megan Fox y su novio Machine Gun Kelly se comprometieron el pasado 11 de enero tras un tórrido romance. El anillo que el rapero le entregó a su prometida llamó la atención desde el primer momento, pues tiene características únicas, como el hecho de que está diseñado para que a la actriz le duela al quitárselo; las bandas que forman la joya en sí en realidad son espinas, por lo que “si trata de quitárselo, le duele”.

Conseguir el amor puede ser relativamente fácil pero mantenerlo, que no se vaya la persona amada, que sea fiel para toda la vida… esto ya es otra cosa y en realidad el amor duele porque no hay una seguridad cien por cien, es incertidumbre; un trabajo diario; y los anillos y demás son símbolos, recordatorios, intentos de obligar… la otra persona se pude ir porque ya no siente lo mismo, ha encontrado a otra persona, porque le tratas mal y se ha cansado… son tantos los factores que influyen y todos tan humanos!

El amor es la mejor metáfora para explicar la comunicación. Qué bueno sería poder colocar un anillo de estos que duelen al quitárselo a los clientes para que no se vayan o al público o en una reunión o en el aula para que siempre te estén escuchando y no desconecten… pero esto no pasa ni en comunicación ni en el amor… y menos mal!

La comunicación es un proceso extremadamente complejo, entran en juego tantos componentes que me resulta apasionante; además, es lo más humano que existe. Una de las cosas que más me fascinan y siempre le presto muchísima atención es a los primeros segundos del inicio de una interacción ya sea entre dos personas o una persona delante de un grupo.

He visto como directivos de empresa con una altísima responsabilidad y gente a su cargo, al saludar a otra persona en el inicio de una reunión, han titubeado, mirado hacia otro lugar, hacia el suelo, se la han trabado las palabras… esto en los primeros segundos, podéis imaginar el resto.

Me viene a la memoria una escena que presencié hace algún tiempo. Un directivo se cita en su propia empresa con otro directivo. En principio el directivo anfitrión tiene el ‘poder’ porque pertenecen a un mismo estatus y juega en casa, pero por alguna razón misteriosa; se comportó como he explicado en el párrafo anterior durante los primeros segundos.

Lo más probable es que pasados estos segundos desaparecieran todas las señales de estrés, nervios o miedo; pero durante esos instantes ¿qué habrá pensado el directivo visitante? Porque si es la primera vez que estos sujetos se ven, ambos habrán estado muy atentos recogiendo señales para ver cómo son cada uno (y esto es algo que no solo se hace de forma inconsciente, estamos obligados a hacerlo para conocer cómo es la otra persona) y la primera impresión han sido mirar hacia otro lado, titubear, mirar al suelo, no fluidez verbal…

Por otro lado, esta situación habrá provocado que el inicio de la relación haya estado gobernada por la incomodidad, cuando lo deseable es que sea aquí cuando se inicia una relación bonita y haya amor a primera vista.

Hay algo que explico siempre en clase y puede que carezca de todo rigor científico desde el punto de vista de la neurociencia o la medicina, pero yo me imagino que el cerebro humano es como un escritorio de ordenador con sus correspondientes carpetas. Cuando conocemos a alguien, recogemos en pocos segundos toda la información y por supuesto la filtramos según nuestras experiencias, forma de pensar… y la colocamos en una de esas carpetas. No digo yo que etiquetemos así como así a las personas, pero casi… necesitamos catalogar aquello que no conocemos.

Ante una reunión o entrevista de trabajo, charla, discurso… las personas ante las que te colocas se van a formar una impresión de ti en los primeros segundos (y lo sabes) y lo que deseamos es que nos coloquen en la carpeta de ‘personas que me gustan’ ‘personas que me apetece escuchar’ ‘personas interesantes’… ¿Verdad?

Por esta razón, bajo mi punto de vista; es muy importante trabajar y centrarse en esos primeros segundos. ¿Objetivo? Que salte el amor a primera vista.

¿Qué se puede hacer?

Antes de nada, piensa en la última vez que ligaste o en esa vez que claramente atrajiste la atención de alguien. Estas cosas pasan, seguro que a muchos de vosotros también, a mí me ha pasado y yo siempre he sido pésima para ligar; así que vamos a recordar esa vez y a recapitular qué ocurrió.

Estás en un lugar con más personas (reunión, bar, biblioteca…) y te fijas en alguien que llama poderosamente tu atención, no sabes porqué pero solo ves a esa persona y solo quieres estar mirándola. Esa persona te mira porque sin ser consciente, tu mirada le ha llamado la atención y si la timidez no gana el juego; acabareis acercándoos y posiblemente hablando. En este momento os caeréis bien y la conversación será amena y agradable. Os habéis gustado, posiblemente os gustáis mucho y os sentís de maravilla, tranquilos y excitados al mismo tiempo…  Lo que pase a partir de aquí ya es otro tema…

Centrarse en el otro. Considerarlo. Posiblemente esto que voy a decir tampoco tenga rigor etimológico pero me gustaría que fuera cierta la procedencia latina (del latín, quiero decir) de la palabra ‘considerar’: con-sidere, llevar a las estrellas.

Uno de los problemas de los nervios o el miedo es que nos hace extremadamente egocéntricos, nos ponemos en modo alerta/supervivencia y creamos un caparazón a nuestro alrededor. Claro, esto es justo lo contrario que la comunicación nos exige. ¿Por qué me tiene que escuchar esta persona? ¿Qué tengo que ofrecerle? ¿Cómo me puede entender mejor?… serían posibles preguntas a hacerse; es decir, pensar en el otro y no hacer monólogos internos del tipo ‘madre mía qué nervios que tengo’, ‘igual piensan que soy tonto/a’, ‘no voy a caerles bien’…

Quizás, antes de nada podríamos plantearnos qué es lo que nos genera tanto estrés. Estoy ahora pensando en ese directivo que dio tantas señales de nerviosismo delante del otro provocando una situación tan tensa.

Adelantarse. Anteponerse. Pensar y ponerse en situación antes de la situación real estaría bien ¿Por qué te provoca tanto nerviosismo? ¿Cuál es la palabra: nervios, desasosiego, estrés…? No pretendo en este artículo hablar de los nervios y cómo erradicarlos pero muchas veces son como el miedo, no tienen base racional; así que racionalicemos.

Volviendo al directivo. Lo que vi en él fue que se hizo pequeño frente a la otra persona. Mientras que la otra parte se plantó delante de él con una amplia sonrisa y relajadísimo (es suficiente), nuestro directivo, al hacer todo tipo de gestos y movimientos involuntarios, se hizo pequeño y cuando esto ocurre en comunicación, es muy difícil revertir la situación.

Esta es una sensación que muchos de nosotros hemos tenido y la notamos, ¡vaya si la notamos! El problema es que el otro también lo nota. ¿Por qué me he hecho pequeño? Sería algo a analizar y a la próxima oportunidad, intento anteponerme a la situación.

¿Por qué cuando tengo una reunión, una charla… me preparo los datos, los gráficos, el PowerPoint… pero NO ME PREPARO YO? Piénsalo.

Todo es una cuestión de ser consciente y controlar la situación y esto pasa por controlarnos a nosotros mismos.

¿Qué podemos hacer?

Eliminar tensiones. Porque además, todas estas tensiones provocan que hagamos gestos y movimientos que son casi los mismos que cuando mentimos, así que; mucha confianza no estamos generando. Y si no hay confianza, no hay credibilidad.

Antes de abordar una reunión, una exposición… piensa ¿en qué lugar de mi cuerpo hay tensiones? Verbalízalo. ¿En la nuca, en el estómago…? Respira profundamente, estira, suelta…

Focalizar. De la mismaforma que cuando alguien nos llama la atención solo tenemos ojos para ella, aquí lo mismo. Céntrate en esa persona o en el público. Considéralos. Para ello, empieza por objetivos simples. Tanto si es una entrevista, reunión como un discurso al público; empieza por algo sencillo. No abordes temas complejos desde el principio. Apunta a sus sentimientos, detecta necesidades y genera sentimientos positivos.

Tuve una alumna que se ponía muy nerviosa cuando trataba por primera vez con un cliente porque era muy joven y quería, desde el segundo uno, que el cliente notara que ella estaba preparadísima. Esta angustia y tensión por demostrar que era una profesional cualificada le hacía perecer todo lo contrario.

Imagina que alguien se te acerca y claramente te dice que te quiere llevar a la cama o empieza la conversación dejando claro que se acaba de leer el libro de las 500 palabras que te harán parecer más culto… a ver, puede funcionar en determinadas ocasiones; pero lo normal sería que no.

Para focalizar, lo mejor es establecer objetivos. Primer objetivo, conectar. ¿Qué voy a decir para conectar con los demás? Segundo objetivo, demostrar mi profesionalidad ¿qué voy a decir para demostrarlo? y así, sucesivamente…

Recuerda siempre que estamos ante un proceso físico. El enamoramiento es algo corporal y muy hormonal ¡Eleva las oxitocinas de la gente! Para ello, es necesario que tu actitud sea abierta, que tú generes confianza. Sonríe, cuida tu mirada. Libérate de tensiones y mantén tus brazos libres, haz sentir cómoda a la gente. Mantente motivado. Trabaja tu atractivo dinámico… sobre el estático yo no te puedo ayudar…

Interioriza tu discurso, desde el saludo. Sí, como lees. Interioriza desde el mismísimo ‘hola, buenos días’. Hablar en público o saludar a alguien que sabes que te va a juzgar, siempre resulta raro. El problema es que nos sentimos como fraudes, no somos nosotros, estamos ejerciendo el rol de directivo, de profesional cualificado, de experto en tal tema, de concejal…  pero puede que no tengamos ese rol metido hasta la médula.

Interioriza tus palabras, repitiéndolas muchas veces en distintas situaciones. Repite lo que tengas que decir – o fragmentos – conduciendo, fregando, caminando, haciendo gimnasia, duchándote… de forma que no distingas la diferencia entre estoy delante de un público o estoy yo solo. Esto hará que resultes natural y, por tanto, sin artificios.

Haz una prueba. Lee algo en voz alta y si es una poesía mejor. Que sea un fragmento de un texto que no hayas leído nunca. Grábate. Lo más seguro es que te escuches algo artificial. Y tú dirás, bueno; eso es la poesía. No exactamente. Cuanto más natural, mas escuchamos, más nos lo creemos; más nos emociona. Y esto pasa por repetir la lectura muchas veces de una forma comprensiva y hacerlo quitándole todo el hierro posible. Aunque sea una poesía de Calderón de la Barca, llévatelo a tu terreno, busca que sea comprensible por ti y por todos.

Lo mismo ocurre con tu discurso. Si no lo practicas, tú mismo te escucharás artificial y tendrás una sensación de extrañeza que contagiarás al interlocutor.

Analiza lo que vas a decir y cómo lo vas a decir. No es lo mismo hablar que comunicar. En una charla informal, dentro del registro coloquial; muchas veces hablamos por hablar y esto no tiene porqué ser malo. Cuando pretendemos lanzar un mensaje con un propósito concreto a una audiencia, tenemos que saber que las palabras tienen un valor y no se pueden soltar a la ligera.

¿Te limitas a decir las cosas o utilizas las palabras? ¿Qué diferencia hay entre tú diciendo lo que tengas que decir y que, por ejemplo, el texto de lo que vas a decir sea leído? Te has marcado objetivos, quieres convencer a la gente, persuadirla, enamorarla; pero las palabras por sí mismas no lo conseguirán. Solo tú y tu forma de pronunciarlas. Los demás extraen la información de lo que dices por cómo lo dices.

Recuerdo la primera vez, en mi temprana adolescencia, que me habló el chico que me gustaba. Le contesté con palabras inconexas y sin sentido pero lo malo fue que lo poco que le dije, lo hice de una forma súper monótona y aburrida. Yo, ¡que era la alegría de la huerta! Este es uno de los problemas más extendidos, la monotonía al hablar. Encendemos una especie de piloto automático y empiezan a salir palabras como si de una cadena de montaje se tratara, pero sin alma, sin gracia.

¿Por qué dices esta palabra en concreto y no otra? ¿Tiene valor para ti? ¿Qué valor tiene? Pues, enfatízala. Conecta con tus palabras. Elige qué palabras son importantes y enfatízalas a través de la voz y de los gestos de las manos.

Haz la prueba. Elige una frase. Marca un par de palabras que te parezcan las más importantes. Márcalas con un rotulador. Intenta memorizar la frase teniendo en cuenta estas dos palabas clave. Cuando la hayas memorizado, di la frase en voz alta. Sin darte cuenta, estoy segura de que enfatizarás estas dos palabras a través del tono de la voz, del movimiento de las manos… ¿qué habrás conseguido? Empezar a romper la monotonía que resulta tan tediosa para quien escucha y te aleja de la gente porque desconectan contigo. Y, además, estarás dando valor a las palabras.

Ten en cuenta que:

  • hablar no es un monólogo, en realidad es un dialogo porque la gente, aunque en silencio, está hablándote
  • la comunicación es un proceso en el que todas las partes deben de ganar, no solo tú.

La comunicación, la de verdad, no se lleva nada bien con la egolatría ni el narcisismo.

¿Te parece una tarea pesada? Puede que así sea pero te aseguro que solo será al principio, después de unas cuentas veces, sin darte cuenta irás integrando esto a tu comunicación, incluso diaria.

Digamos que la primera parte de la comunicación es totalmente biológica o animal, como a mí me gusta decir – esto sería el enamoramiento – después ya pasaríamos a la parte racional, es decir; a enamorar de verdad a quienes nos escuchan. No muestres tensiones. Céntrate. Sé tú, no emules a nadie. Deja que tu cuerpo hable y da valor a tus palabras.

Podemos jurar amor eterno ante lo más sagrado, ante muchas personas, podemos hacer pócimas para que nos amen eternamente, cerrar candados en los puentes como promesa de amor para toda la vida… pero todos sabemos que el amor es algo que se trabaja día a día.

En comunicación ocurre lo mismo, de hecho es lo mismo. Al fin y al cabo estamos hablando de la esencia del ser humano ¿verdad?

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Natalia Bravo

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