7 de julio de 2021

El Silencio. El arte de callar

Bendito es el hombre que, sin tener nada que decir, se abstiene de pronunciar palabra alguna para corroborar ese hecho. George Eliot

En todos mis años de formadora en comunicación y oratoria, me he dado cuenta del gran miedo que nos provoca el vacío, el estar en el centro de un espacio vacío que tenemos que llenar nosotros mismos y el miedo al silencio. Podemos ser las personas más tranquilas del planeta pero salimos a hablar en público y no dejamos ni un milisegundo de pausa, nos entran las prisas y antes de llegar al lugar desde donde hablaremos, ya comenzamos a hablar como si quisiéramos terminar antes de empezar. 

Por no hablar en una conversación o entrevista, parece que hay una norma no escrita: cada palabra o frase que diga mi interlocutor ha de tener su correspondiente respuesta verbal por mi parte.  Una de las primeras cosas que me gusta que aprendan mis alumnos es a apropiarse del espacio y aquí es muy importante el silencio. Antes de comenzar, mira a la audiencia y quédate en silencio por un momento, porque eso dice: ‘Tengo el control. Sé lo que estoy haciendo. Soy una persona segura’. 

Y es que el silencio es muy importante en comunicación… 

Es innegable el poder de las palabras. Por eso es importante el diálogo, el buen diálogo. Hay que cuidar la elección de las palabras, analizar la estructura y procurar que no sea malinterpretado el mensaje. Pero el exceso de comunicación puede ser desastroso

La verdad es que vivo en un sistema en el que las palabras son capaces de sacudir toda la estructura del gobierno, donde las palabras pueden ser más poderosas que diez divisiones militaresVáclav Havel

Existe actualmente la creencia que la comunicación es una explosión de información en forma de palabras que sólo hay que colocar en el orden idóneo para hacer llegar los mensajes y las sensaciones elegidas. Pero no todo en comunicación son las palabras. Los gestos, las miradas, inclusolos silencios, hablan y describen, en ocasiones, mejor que cualquier discurso magníficamente ideado. 

Por ejemplo, para ser un buen líder, es necesario saber manejar los silencios. Aprovecharlos. Sacarles partido. Porque para generar confianza, es necesario escuchar. Está bien llevar la conversación, pero hay que preguntar e interesarse por la otra persona. Su atención le hará sentir importante y será devuelta con creces. De esta manera, dándole oportunidad para hablar y desarrollar sus ideas, el líder va adquiriendo más poder... solo utilizando el silencio… 

La utilidad del silencio la aprendí en el teatro. Y es que el silencio es un elemento fundamental del teatro, como lo es de la música… o de la propia vida. Nuestra tendencia en el escenario y fuera de él, es llenar el silencio con el gesto; con multitud de movimientos inconscientes: balancearse, retorcerse las manos, mesarse el pelo… y, sobretodo, con la palabra.  El silencio no existe… En el escenario habla mi alma, y ese respeto al silencio es capaz de tocar a la gente, más profundamente que cualquier palabra. Marcel Marceau

Pero ¿por qué nos incomoda el silencio?  Porque es contrario a nuestros instintos. Queremos llenar los espacios en blanco. Es como que estamos diseñados para hablar pero no para escuchar.  Además, ese ruido que tenemos, interno y externo, nos distrae, toma el hilo de nuestro pensamiento y lo lleva de aquí para allá sin descanso. Al acallarse el ruido no sabemos cómo comportarnos y nuestra mente se apresura a llenarla de movimiento o de palabras: más ruido, auto distracción… tememos el vacío, nuestro propio vacío, e intentamos llenarlo. Sin darnos cuenta de que el silencio, cuando se logra en profundidad, nos sitúa en lo que ocurre aquí y ahora, nuestra mente se aquieta.  El silencio permite que oigamos alto y claro y nos facilita poder poner la mirada en el otro y en la experiencia que sea que compartimos en ese momento.  La mente activa y práctica es necesaria, pero hay que acostumbrarla a que deje espacio al silencio, a la nada, al vacío. En interpretación se debe conocer y saber de memoria un texto, pero también se tiene que poder estar en un estado suficientemente vacuo para dejar que las palabras fluyan como si fuera la primera vez que son pensadas y pronunciadas y para encajar las palabras y la actitud del otro del mismo modo. El silencio permite el contacto con mi emoción y con la del otro, permite acoger lo que el otro me propone sin prejuicio ni anticipación y reaccionar tal y como surge del momento y del contacto.  En definitiva, el silencio es necesario para que ocurra lo que llamamos la magia del teatro: los actores se encuentran casi vacíos de sí mismos y se llenan de lo que ocurre a su alrededor, son receptivos al impacto que causan en ellos mismos los demás, con sus palabras, sus gestos o sus propios silencios.  El silencio es un canal abierto a que pueda ocurrir cualquier cosa, un canal generoso con el otro y con uno mismo, es estar presente con conciencia y apertura para permitirnos darnos cuenta de todo lo que pasa.  La ironía es que estás más presente cuando te enfocas en algo o en alguien externo que en ti mismo. Estar presente no significa hablar mucho. 

En general, saber callar es tan o más importante como saber hablar.

¿Silencio y comunicación? Parece una paradoja, ¿verdad?: pero nada más lejos de la realidad. El silencio es el gran arte de la conversación. William Hazlitt

Comunicación no es solo lo que uno dice; es también lo que hace y los demás observan. Asimismo, es lo que no se hace y lo que no se dice. Recordemos el primer axioma de la comunicación de Paul Watzlawick: “No es posible la no comunicación”. Comunicamos con las palabras, con el aspecto y la forma de vestir. Con el tono de voz, gestos, postura y expresiones faciales; con todos los elementos que componen la comunicación no verbal, de la que el silencio forma parte.  Su función comunicativa, su significado, dependerá de la expresión no verbal que concurra y del contexto en que se produce el proceso de comunicación.  El silencio puede ser utilizado conscientemente para mejorar el proceso comunicativo y, también, para conseguir objetivos:  Escuchar y mejorar la comunicación No es posible hablar y escuchar al mismo tiempo. Durante una conversación, el silencio le permite llevar a cabo una escucha atenta. Traslada, con el lenguaje no verbal apropiado, interés por la otra persona y respeto por su discurso. Con él, se transmite un mensaje positivo que ayuda a mejorar el clima comunicacional.  Comprender correctamente el mensaje El silencio permite la reflexión. Mediante el silencio en la comunicación interpersonal podemos asegurarnos de haber entendido el mensaje. También nos concede un tiempo para explorar nuestras emociones y ajustar una respuesta adecuada.  Estimular la respuesta de los demás Haz la prueba. Mantente en silencio durante 10-15 segundos. Lo más seguro es que la otra persona comience a hablar. El silencio nos suele resultar incómodo y nos estimula a romperlo. Esto puede ser empleado en situaciones muy diversas. Durante una negociación, al llevar a cabo una entrevista, o ante una venta o un cliente del que necesita obtener más información.  Por otra parte, ante un silencio piensa que tu responsabilidad no es eliminarlo. Permite que otros hablen. En muchas ocasiones es la actitud más inteligente.  Reducir la probabilidad de conflicto Ante una situación tensa, no responder inmediatamente puede evitar profundizar en el conflicto. Al mismo tiempo, mientras calla, la otra persona habla, descargando el tono emocional. 
Utiliza las pausas y el silencio cuando quieras poner de relieve algo importante. El silencia crea cierta tensión y atrae el interés de los demás.

Mejorar la capacidad de negociación El silencio puede ser un buen aliado mientras negocia. No debes apresurarte en mostrar su posición respecto a una negociación o a un aspecto de ella. La tendencia a rellenar el “vacío” del silencio puede hacerte cometer errores o revelar información inapropiada. Una persona buena negociadora sabe presentar su posición en el mejor momento. Es capaz, no solo de exponer sus puntos de vista, sino también de escuchar y usar el poder de la pausa.  Hacer más eficaz una presentación pública Las pausas y silencios son fundamentales para captar la atención y controlar el ritmo del discurso.  Una pausa supone un cambio en el curso de la exposición que llama automáticamente la atención.  Los momentos más adecuados para realizar pausas son aquéllos en los que es más necesario que el auditorio preste atención: ·        Antes de empezar a hablar, y antes de la conclusión. ·        Antes de decir algo muy importante, para que el auditorio esté pendiente de qué vamos a decir. ·        Después de una interrupción, para que el público vuelva a esperar en silencio.  Resumiendo, ¿para qué puede servirnos el silencio?  ·        Enfatizar el punto adecuado. El exceso de palabras hace farragoso el entendimiento. Cuando hay mucha información que dar, lo mejor es ser selectivo. Lo ideal es poner voz a los asuntos que se consideran más importantes y hacerlo con intensidad. 

·        En una negociación, los silencios juegan una gran baza. Esto provoca en la otra persona la inseguridad, de su: “¿qué estará pensando?” De esta situación, probablemente, intentará salir hablando para tapar los silencios, dejando al líder en una posición privilegiada. 

·        A la hora de lanzar una pregunta, esta debe ser clara y concisa, y respetarla. Es decir, una vez formulada una pregunta, lo ideal es quedarse en silencio y no perderse explicaciones vagas que diluyen la autoridad de la pregunta en cuestión. 

El silencio abre espacios para la reflexión y nos ayuda a escuchar de una forma mucho más activa y profunda. Amplía nuestro mapa de la realidad y nos ayuda a ser más empáticos. Reduce la saturación que produce el exceso de palabras en el canal de comunicación y permite que afloren nuevos significados.  En definitiva, el silencio es una herramienta muy potente para encontrar nuevas posibilidades y oportunidades de entendimiento, acercamiento y acuerdo. En ocasiones es mejor utilizar el silencio en lugar de los argumentos.¿Quieres experimentar la efectividad del silencio?Piensa en si lo que vas a decir es realmente importante. Si lo que vas a decir no es importante, sino más bien se trata de una respuesta impulsiva (como si fuera un acto reflejo), opta por el silencio. ¿Tienes evidencia que respalde que lo que vas a decir no va a desviar la conversación? Plantéate por qué quieres hablar. ¿Tienes evidencia que respalde que lo que vas a decir no va a desviar la conversación? Recuerda que en realidad estás en silencio porque quieres escuchar profundamente para ir más allá de las palabras impulsivas. Estás haciendo un esfuerzo por empatizar con la otra persona y deja que fluya la comunicación.

Deja que las pausas sean más largas, incluso incómodas. A menudo, la otra persona buscará romper el silencio, y lo que diga será relevante. Oblígate a sentirte cómodo con el silencio y verás si alguien más comienza a hablar. 

No sé quién ha dicho que el gran talento no consiste precisamente en saber lo que se ha de decir, sino en saber lo que se ha de callar. Mariano José de Larra

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Admin
Natalia Bravo

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