14 de octubre de 2021

¿De qué tienes miedo realmente?

Nuestro más profundo miedo no es el de no poder responder adecuadamente. Nuestro más profundo miedo es que somos poderosos más allá de cualquier medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad la que nos asusta. Nos preguntamos a nosotros mismos: ¿quién soy yo para ser brillante, talentoso, glorioso? De hecho, ¿quién eres tú para no serlo? (…) No tiene nada de brillante el empequeñecerte para que los demás no se sienta inseguros alrededor tuyo. (…) Y al permitir que nuestra luz brille, inconscientemente les damos a los demás el permiso para hacer lo mismo.

Al liberarnos de nuestros propios miedos, nuestra presencia libera espontáneamente a los demás.

MIEDO A BRILLAR, Marianne Williamson

Una de las cosas que más me gusta de las clases de teatro es trabajar las emociones, y esto me resulta mucho más gratificante cuando lo hacemos en las clases de teatro infantil. Los niños son capaces de reconocer desde edades muy tempranas las emociones básicas, expresarlas y reproducirlas; aunque nos las estén sintiendo en ese momento. Se supone que las seis emociones básicas: alegría, sorpresa, ira, tristeza, asco y miedo; tienen sus seis expresiones faciales… y yo añado que corporales también.

En todos los años que llevo jugando a adivinar emociones en las clases de teatro infantil, he notado como eligen casi siempre la alegría, la tristeza y el enfado; muy pocas veces el miedo y cuando lo hacen lo representan como si estuvieran viendo una película de terror o un monstruo. Es como si, para la mayoría, el miedo todavía no formara parte de sus vidas y aunque le tengan miedo a los seres monstruosos de la noche, del armario o a separarse de los padres; esto ocurriera en otro plano de sus vidas, no son conscientes.

Sófocles afirmó que para quien tiene miedo, todo son ruidos… el miedo es un mecanismo innato de defensa que se activa ante la percepción de un peligro – real o no – pero que provoca sensaciones muy intensas y desagradables. Nos hace sentir mal. También es una emoción pasiva, ya que trata de retirarnos de lo que ocurre. Cuando sentimos miedo, nos lleva a sentirnos también indefensos. Quizás por esta razón los niños no suelen elegir esta emoción cuando jugamos, es muy desagradable; pero es una emoción y no es una negativa porque sentir emociones siempre es positivo. Algo que deberíamos saber y practicar los adultos…

Pero bueno, lejos de que este artículo sea una disertación sobre el miedo y resumiendo mucho, el miedo sirve para sobrevivir, es un mecanismo adaptativo a un entorno que, en ocasiones, nos da motivos para temerlo. Aquello para lo cual sirve el miedo tiene que ver con nuestra capacidad para reaccionar rápidamente ante situaciones peligrosas, ya que gracias a él nos retiramos cuando existe una amenaza. Esta amenaza puede ser para nuestra vida, seguridad, nuestro autoconcepto…

El miedo nos ha protegido desde siempre pero ¿qué ocurre cuando la consecuencia de sentir ese miedo es aún peor que lo que ocurriría si no lo sintiéramos? No hacemos lo que deseamos cuando es realmente importante en nuestra vida o no decimos lo que tenemos que decir para defendernos ¿cuántas veces nos ha ocurrido? ¡a cuántos adolescentes conozco que no dicen lo que tienen que decir por miedo! El miedo deja de ser una protección, si ya no nos protege.

Siendo honestos, debemos confesar que alguna vez, o más de alguna vez, hemos sentido miedo: a la delincuencia, a la incertidumbre, a perder el trabajo, al desperdicio; a las tinieblas, a la prepotencia; miedo por los muchos peligros que nos amenazan. Hay quienes tienen miedo de asumir sus responsabilidades, otros se hacen temer para darse a respetar, hay quienes inspiran miedo para ocultar su cobardía. Hay personas que a punto de fijar su posición sobre alguna situación, terminan diciendo otra cosa y cambian el tema, porque el miedo les impide comprometerse.

El derecho romano estableció en el año 79 a. C  -mediante una innovación jurídica introducida por un pretor llamado Octavius- la acción “metus causa” (por causa del miedo) como eximente de responsabilidad. En las Siete Partidas, -colección de leyes y costumbres de gran interés histórico, redactadas por orden de Alfonso X el Sabio -1252-1284-, se establece en el derecho castellano la invalidez de pleitos o declaraciones realizadas bajo miedo, y el derecho actual determina que el miedo es causa de eximente responsabilidad criminal.

Pensad en un niño, vuestro hijo o hija. Tiene sed, quiere agua y os la pide. Le decís que vaya a la cocina y beba agua, en un intento de empezar a hacer de vuestro hijo o hija una ser independiente y autónomo. Pero os dice que le da miedo ir a la cocina sin compañía. Si os dijera que no le apetece, posiblemente insistiríais para que bebiese agua por sí mismo. Si tiene miedo, le justificáis y vais vosotros o le acompañáis. El miedo es eximente pero aunque nos protege, no nos ayuda a enfrentarnos y desarrollarnos.

El miedo es una característica inherente a la sociedad humana: está en la base del sistema educativo, como expuso de manera radical, el psicólogo Burrhus Skinner -1904-1990-, en buena medida se define por el esquema básico del premio y del castigo. Es un pilar del proceso socializador.

Desde el ámbito de la ciencia política y la filosofía, el miedo se ha identificado como una de las características de la sociedad postmoderna. El miedo a las figuras de autoridad nace de la creencia de que hay personas superiores, que poseen más derechos y que saben lo que es conveniente para uno.

Catherine Lutz, antropóloga y profesora estadounidense ha estudiado la variabilidad del miedo. Según sus indagaciones, la comunidad Ifaluk, un atolón de las Islas Carolinas en el Pacifico Norte, considera positiva la cobardía, y por tanto para ellos es bueno confesar el miedo pues es prueba de ser personas inofensivas y temerosas de las leyes del grupo.

¿Qué hacer ante ese sufrimiento doloroso que es el miedo, esa zozobra ante la posibilidad de que suceda algo contrario a lo que deseamos? Ante los hechos y las circunstancias, lo recomendable (e incluso inevitable) es enfrentar la situación.

Cuando el miedo nos frena demasiado es cuando se convierte en un problema. Porque el problema no es el miedo, sino lo que hacemos con el miedo.

Es decir, el miedo nos ayuda a regular cómo de grandes deben ser nuestros pasos en cada momento; como una especie de madre prudente. Esto es así si gestionamos nuestro miedo de forma funcional, es decir, tenemos algo de miedo hacia lo que realmente puede suponer un problema para nosotros ahora y aún necesitamos un tiempo de entrenamiento o espera para poder afrontarlo. Deberíamos preguntarnos qué pasaría si no hiciera eso que tengo que hacer solo por miedo. Todos esos miedos: ¿en qué se basan? ¿En tus creencias? ¿En un hecho del pasado? ¿Qué podemos hacer para que no nos afecte más?

Nos permite notar cuando estamos frente a una situación de peligro y ver qué es lo que tenemos que hacer, ya sea huir, luchar o protegernos. Además, activa el cuerpo a tal nivel que nos permite movilizarnos para mantenernos vivos. Incluso, nos puede dar más energía o fuerza de la que tendríamos normalmente. De esta forma, nos permite hacer cosas que quizás no podríamos o quisiéramos hacer, pero que son necesarias para detener la amenaza, por ejemplo: pelear, correr rápido, saltar para salir de un coche en marcha…

A veces, por miedo nos perdemos vivir alguna que otra aventura excitante. Y esto es lo que siempre repito en mis clases. Al miedo a hacer algo que no estamos acostumbrados a hacer, como salir al escenario, hablar en público… en realidad podemos darle la vuelta y pensar que es excitación y no miedo. Recuerda que se trata de qué es lo que hacemos con el miedo y no el miedo en sí.

Hablar en público. La sola idea de tener que subir al escenario inspira preguntas llenas de ansiedad como: ¿Qué pasa si a la audiencia no le gusta mi discurso? ¿Qué hago si subo al escenario y mi mente se pone completamente en blanco porque estoy muy nervioso? ¿Qué pasa si me veo muy incómodo en el escenario?

Uno de las angustias más temibles en el marco de las relaciones personales, es el llamado miedo escénico, estado inhibitorio que reduce la efectividad comunicacional e impide el desarrollo de las capacidades expresivas  de los afectados. Incluye manifestaciones de estrés, timidez y ansiedad, como preocupación, tensión corporal, inhibición, y otras formas de alteración de la normalidad en lo fisiológico, lo cognitivo y lo conductual.

Cuando entramos en un estado de ansiedad social, nuestra capacidad para captar caras enojadas aumenta. En un estudio de 2009, el psicólogo Matthias Wieser midió las respuestas cerebrales de los participantes a imágenes enojadas, felices y neutrales. Para provocar ansiedad, Wieser les dijo a algunos de los participantes que tendrían que dar un discurso. Los participantes ansiosos fueron significativamente más sensibles a las imágenes enojadas que a las felices o neutrales, pero el resto de los participantes no exhibieron el mismo sesgo. Es fácil ver cómo este fenómeno se convierte en una especie de círculo vicioso en el contexto de hablar en público. Cuando empezamos nerviosos, no importa cuántas personas estén sonriendo o asintiendo con la cabeza, es probable que nos fijemos en la única persona que parece enojada, lo que nos pone aún más nerviosos.

La mayoría de los miedos sobre hablar en público provienen de nuestro miedo a ser juzgados. Tenemos tanto miedo de ser criticados que olvidamos que tenemos el poder de compartir un mensaje. Y es lo que tiene el miedo o los nervios, que nos hace centrarnos demasiado en nosotros mismos y perdemos la oportunidad de compartir eso que tenemos que decir con los demás.

¿Cómo tener la confianza necesaria para subir al escenario y dominar nuestra presencia en el escenario? ¿Cómo atraer, ejercer el liderazgo carismático necesario cuando nos dirigimos a los demás?

El profesor de Negocios de Harvard, John Antonakis, analizó las tácticas verbales carismáticas. En su investigación, descubrió que cuando los ejecutivos usaban estas tácticas verbales, sus calificaciones de liderazgo aumentaban un 60%.

 Al exponer cualquier tema, deberíamos incorporar estas tres tácticas verbales carismáticas:

  • Utilizar metáforas, símiles y analogías. Las metáforas son como mini-historias. Atas algo que alguien entiende con una nueva idea o concepto. Creo que son la forma más poderosa de transmitir ideas.
  • La Regla de las 3 partes. Siempre que hablamos en público, debemos tener en cuenta la capacidad de los demás para recordar información. Dividir el mensaje y las conclusiones prácticas en tres partes facilita que las personas comprendan, recuerden y actúen en función de nuestros objetivos. Siempre será mejor que organicemos el discurso en tres ideas principales, incluso si es un mensaje improvisado; ayudará a las personas a recordar.
  • Preguntas retóricas. Una pregunta retórica es una pregunta que se le hace a la audiencia para lograr un efecto dramático o para resaltar un punto en lugar de esperar una respuesta. No es necesario que la gente levante la mano (aunque podría hacerlo). La razón por la que estos son tan poderosos es porque cualquier tipo de pregunta involucra a las personas mentalmente; estamos programados para responder preguntas, incluso si es solo internamente.

Y, sobre todo, hablemos con fuerza. No es solo lo que dices, es cómo lo dices. Asegúrate de que cualquier táctica verbal que estés usando, lo está haciendo con poder. Aquí están mis tácticas favoritas de poder vocal.

Ahora bien, incluso los oradores más experimentados tienen que enfrentarse a cierta ansiedad. La mejor manera de vencer los nervios es tener una excelente rutina de calentamiento. Antes de subir al escenario o de una reunión, anímate con un pequeño ritual previo a la actuación. Aquí tienes algunas ideas:

@natalia.brava

#hablarenpúblico es una actividad física, no intelectual; hay que calentar! Además, sirve para destensarnos y liberar energía! Vídeo en instagram

♬ sonido original – Natalia Bravo

En la mayoría de ocasiones, el miedo viene de la inseguridad. Podemos estar inseguros de nosotros mismos, del contenido del mensaje y del cómo creemos que vamos a decir el mensaje. ¿Mi consejo? ¡Ataquemos las inseguridades! Como con un solo post no puedo conseguir que ataques la inseguridad en ti mism@, podemos atacar el cómo hacer que a través de tu mensaje te conviertas en un comunicador influyente.

La directora ejecutiva y diseñadora de presentaciones profesionales Nancy Duarte pasó años estudiando estrategias retóricas para descubrir qué hace que algunos discursos sean poderosos mientras que otros no logran cautivar al público. Lo que descubrió es que todos los grandes oradores, desde Martin Luther King Jr. hasta Steve Jobs, siguen la misma estructura:

Empieza explicando «qué es». Este es el problema, el proceso, el nivel de logro, etc. que deseas cambiar. Luego explica «lo que podría ser». Este es tu objetivo para un futuro mejor. Los mejores oradores pintan la imagen del mejor futuro posible que puede brindar su mensaje. En otras palabras, si cada miembro de la audiencia usara tus consejos y/o soluciones, ¿cómo será su vida? ¿Cómo será su día? ¿Qué cambiará para ellos?

Si yo tuviera que hablar sobre la importancia de la comunicación y del lenguaje corporal en una charla o porque tengo que vender unos de mis cursos, podría comenzar hablando sobre los problemas de falta de comunicación con los que las personas luchan (problema) y luego explicaría cómo aprender lenguaje corporal nos permite comunicarnos de manera más efectiva. Repetiría esto a lo largo de mi discurso señalando problemas específicos contra los que las personas luchan, seguidas de tácticas de lenguaje corporal que resuelven cada uno de esos problemas. Terminaría creando una visión clara de lo que la audiencia puede esperar si siguen mis consejos (cómo cambia la vida utilizando mis consejos).

No hagas advertencias, no te disculpes ni ruegues

Un gran error que cometen los oradores nerviosos es disculparse. Cuando nos sentimos nerviosos, decimos cosas como «Es solo mi opinión», «No estoy realmente seguro» o «Podría estar equivocado, pero». ¡Esto va en detrimento de su mensaje!

Primero, asegúrate de investigar todos tus puntos para sentirte seguro acerca de la información que estás compartiendo. En segundo lugar, una vez que estés seguro de su contenido, practica su discurso frente a tus amigos, compañeros… Cada vez que digas un calificativo o una disculpa, lapsus de duda; los amigos deben señalártelo y hacer que comiences de nuevo.

Domina tu comportamiento no verbal

Una de las cosas más fascinantes de hablar en público es que nuestro comportamiento no verbal comunica más que las palabras que decimos. Se estudiaron cientos de horas de charlas TED y se descubrió que los oradores obtuvieron las mismas calificaciones si los espectadores vieron las charlas en silencio o con sonido. Aún más sorprendente fue que la gente pudiera predecir con precisión en los primeros siete segundos si la charla tendría éxito. Loco, ¿verdad? En esta investigación también se concluyó que las tácticas para hablar en público, como los gestos con las manos, la sonrisa y la variedad vocal son esenciales para cautivar al público.

¡Cuidado!

  • Cuando nos ponemos nerviosos, tendemos a intentar minimizar la cantidad de espacio que ocupa nuestro cuerpo. También intentamos inconscientemente bloquear nuestro cuerpo con los brazos cruzados o escondiéndonos detrás del atril. Recomiendo sostener un bolígrafo, mando a distancia o un micrófono. Esto puede parecer contradictorio, pero te obliga a descruzar los brazos y hace más difícil meter las manos en los bolsillos.
  • ¿Sabes que las personas que llevan más de una cosa, como un bolso o un maletín, un abrigo, papales… son percibidas como menos organizadas y más olvidadizas? Es decir, menos seguras. Antes de ir a una reunión o evento, asegúrate de dejar abrigos y cosas adicionales en el coche o en otro lugar para que no tengas que llevarlo contigo.

Se trata de dar muestras de seguridad a los demás para que confíen en lo que estás diciendo.

En Quantified Communications utilizaron un software para comparar los patrones de comportamiento de los mejores oradores. Descubrieron que los oradores más confiados demuestran un 22,6% más de pasión que los oradores nerviosos, lo que significa que en una presentación, el orador muestra su energía y compromiso que, por otra parte, es lo que mantiene a la audiencia interesada ​​en tu tema.

Si estás nervioso ante una presentación, canaliza esa energía nerviosa en demostrar tu pasión por el tema en cuestión mientras comparte tus ideas con el público. El nerviosismo y la excitación son dos emociones hermanas. Cuando sientas que tu corazón se acelera, replantéalo como emoción.

En Quantified Communications también descubrieron que los hablantes más seguros utilizan un lenguaje un 46,9% más inclusivo que los hablantes nerviosos, lo que significa que utilizan palabras colaborativas y pronombres personales para ayudar a la audiencia a sentirse más involucrada en el mensaje. Este hallazgo podría indicar que los hablantes más confiados están orientados a la comunidad y sugiere que el lenguaje impulsado por la camaradería puede ayudar a los hablantes nerviosos a desarrollar confianza al superar ese miedo evolutivo al ostracismo.

No hables a la audiencia, habla con la audiencia.

¿Puedes crear actividades, preparar rondas de preguntas y respuestas o hacer llamadas a la audiencia? ¿Tienes mucho estrés ante una presentación en púbico? Involucra a la audiencia. Esto calma los nervios y ayuda conectarte con los demás.

¿Cómo podemos involucrar al público? ¿Por qué algunos oradores pueden conmovernos tan profundamente que nos ponemos de pie en señal de triunfo? La respuesta es por la EMOCIÓN.

El error número uno que se comete es pensar que ser creíble significa no tener emociones.

Muchos oradores que intentan parecer profesionales y serios piensan que deben pronunciar discursos directos y sin emociones. Consiguen discursos interesantes, bien presentados, rígidos y ¡aburridos! Tener emociones, preocuparse por tu trabajo y hablar con energía NO lo hace menos profesional. Hace que tu mensaje profesional sea más agradable.

Las emociones son los condimentos de los discursos.

Las emociones añaden especias, sabor y personalidad a tu charla, tus historias y tus ideas. Te propongo un ejercicio ¿Tiene alguna historia que pueda encarnar estas palabras?

  • Pasión
  • Vulnerabilidad
  • Temor
  • Arrepentimiento
  • Emoción
  • Temor
  • Poder

¿Te gustaría conseguir una ovación en pie del público? Michael Port, profesor de oratoria, tiene un gran consejo para los oradores en su curso Heroic Public Speaking. Él anima a los oradores a pensar en un ejercicio o actividad para hacer justo antes del final de un discurso para que los miembros de la audiencia ya estén de pie. Por ejemplo, puedes hacer que todos se pongan de pie y digan en voz alta una acción o saludar con la mano a las personas que están a tu lado. Luego di tus últimas líneas. Con la gente ya de pie, los activa. Y ya están de pie para una ovación de pie J

Resolver un problema conecta con el público

Enmarca tu discurso en torno a la resolución de problemas. Todos los grandes discursos comienzan con un problema que todos reconocemos, esto instantáneamente se conecta con un dolor común con el que podemos relacionarnos y que queremos que se resuelva: captando la atención de la gente. Luego, el orador promete una solución a este problema, lo que alivia la preocupación y brinda alivio a la audiencia. Los mejores discursos se mueven entre problemas y soluciones, llevando a la audiencia a un viaje emocional.

«Tengo un sueño» de Martin Luther King Jr.

Problema: «Estados Unidos le ha dado a la gente negra un cheque sin fondos».

Solución: “Pero nos negamos a creer que el banco de la justicia esté en quiebra. Nos negamos a creer que no hay fondos suficientes en las grandes bóvedas de oportunidades de esta nación. Por eso hemos venido a cobrar este cheque, un cheque que nos dará a demanda las riquezas de la libertad, la seguridad y la justicia».

Cualquiera puede hacer esto en conferencias grandes o pequeñas. Por ejemplo, yo podría hacerlo si diera una charla sobre lenguaje corporal:

Problema: «¿Cuántas veces has entrado en una fiesta o evento de networking y te has sentido incómodo o incómodo al instante?»

Solución: «La mejor manera de combatir tu incomodidad es con mi rutina para éxito en comunicación«. (Esta rutina existe, si la quieres conocer, escríbeme y te la explicoJ)

Piensa que tu presentación, discurso, charla, argumento de ventas debe contestar a esta pregunta: ¿Qué problemas y soluciones puedes resolver? Que, además, ayuda a involucrar a la audiencia.

Planifica tu presentación pensando en tu audiencia

La clave para crear una presentación eficaz es tener siempre a la audiencia en tu mente para que les sea útil. Podéis hacer estas preguntas antes de crear cualquier contenido:

¿Qué tipo de actuación vas a dar? Una presentación a los inversores, una charla de treinta minutos, un informe de progreso del equipo, presentación de proyecto…

¿Quién es la audiencia? Un inversor exigente, profesionales de marketing, tus superiores…

¿Cómo se beneficiará tu audiencia? Una participación en su empresa innovadora y en crecimiento, información sobre nuevas estrategias de marketing, conocimiento sobre el crecimiento de su equipo y cómo afecta a la empresa…

¿Cuál es tu llamada a la acción? Quieres que ellos: inviertan en tu empresa, compren tus materiales educativos, actúen sobre una idea que has propuesto a tu equipo.

Al hacerte estas preguntas cuando comienzas a planificar tu presentación, minimiza la ansiedad que experimentas al preguntarte si a tu público le va a gustar lo que dices porque has diseñado un discurso para satisfacer sus necesidades.

Había una vez

¿Has escuchado el consejo de redacción «Muestra, no digas»? Lo mismo se aplica en oratoria. Los oradores pueden contarle al público los problemas y las soluciones, pero mostrar los problemas en la vida real y las soluciones en acción requiere de historias. ¡Las historias son increíblemente poderosas porque nuestros cerebros se las comen! Las investigaciones han descubierto que cuando cuentas una historia, el cerebro del oyente se activa como si él mismo estuviera en la historia. Esto no solo capta la atención de las personas, sino que también hace que sus puntos sean más memorables.

Usa historias para ilustrar tus puntos en lugar de hechos y cifras áridos.

Piensa en los tres problemas principales que plantea tu discurso. Ahora piensa en historias para demostrarlas.

Piensa en las tres soluciones principales que plantea tu discurso. Ahora piensa en historias de personas que las usaron.

Dirige el ensayo a un nivel completamente nuevo

Un gran error que cometen los oradores es no ensayar lo suficiente y de la manera correcta. Si deseas realizar una presentación que sea lo suficientemente convincente como para inspirar al público a escuchar tu llamada a la acción, debes de tener suficiente tiempo para prepararte, de modo que cuando te expongas delante de los demás, conozcas tu presentación por dentro y por fuera.

Puedes llevar tu ensayo al siguiente nivel practicando a través de estas fases:

Fase # 1: Lee tu contenido en voz alta para ti mismo o con un amigo de confianza. Haz ajustes hasta que la estructura de tu contenido fluya, suene natural y transmita tu mensaje.

Fase # 2: Practica tus movimientos, lenguaje corporal y accesorios. Este es el paso que la mayoría de la gente se olvida de hacer; tienen contenido brillante pero se ven incómodos en el escenario porque son demasiado rígidos, no saben qué hacer con sus manos o no han practicado con accesorios, proyector, demostraciones de productos…

Fase # 3: Realiza al menos un ensayo general completo. Invita a un par de amigos o colegas a que te vean dar tu presentación con todos los complementos y atuendo que planeas usar el día de la presentación y practica como si fuera la presentación real.

Adopta una mentalidad de risa

No te voy a decir que pongas un montón de bromas en tu discurso, aunque sería genial si lo hicieras. Sé que es casi imposible intentar inventar chistes que no surgen de forma natural. Sí que te voy a pedir que consideres tener una mentalidad de risa. Los mejores oradores, los que recibieron ovaciones de pie, tenían a la gente sonriendo, y también mentalmente, a lo largo de una charla, incluso cuando era seria. Lo que quiero decir con sonreír mentalmente es que el orador puede crear bromas y generar una simpatía con el público para que lo sienta como si estuviera sentado con un viejo amigo. Se trata de conectar, no de crear distancias.

Cuando estés redactando tu discurso, crea una broma. Puede ser a través de la estructura, por ejemplo. ¿Sueles ver monólogos? Es algo parecido. Yo escribí un monólogo que empezaba con un ¿sabes lo que me pasó hoy? Esto me daba pie para contar una historia. Después, otra vez ¿sabes lo que me pasó ayer? Y otra historia. Al final, simplemente con decir: ¿sabes lo que me pasó…? la audiencia ya se reía. No hace falta que se rían a carcajadas. Hazles sonreír y actúalo. A veces, un levantamiento de cejas bien colocado o un suspiro pueden hacer que la audiencia sonría y conecte. Piensa en algunas de las historias que se te ocurrieron en el punto anterior. ¿Puedes representar algún aspecto de tus historias? ¿Tu hijo te hizo pasar un mal rato por algo? ¿Puedes contarlo? ¡Demuestra que eres humano! Ah! Y sonríe tú también…

Sonríe para inspirar. Cuando sonríes, muestras a la audiencia que estás relajado y ella sonreirá contigo. Sonreír es un rasgo de inteligencia.

Todos somos artistas’ Michael Port

Puedes pensar que solo los artistas y los grandes oradores actúan, pero estoy segura de que constantemente te encuentras en situaciones en las que estás contando historias, persuadiendo a las personas para que actúen según tus ideas y eligiendo qué partes de ti (de tu personaje) compartes con los demás… Exactamente las mismas cosas que hacen los actores y presentadores en el escenario.

Pensar en ti mismo como un artista es maravilloso porque te permite tener un mayor control sobre cómo te presentas en cada situación.

Actúa «como si…”

Uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos cuando tenemos que dar una presentación, una entrevista de trabajo o en una discusión con alguien, es que los pensamientos negativos impiden pensar con claridad y dar una respuesta adecuada. Necesitamos confiar en nosotros mismos.

Port argumenta que la forma más fácil de aumentar nuestra confianza en cualquier situación es actuar como si se sintiera preparado para controlar todas las situaciones que se nos presenten. Actúa como si…

no tuvieras miedo escénico.

tuvieras confianza en tus opiniones.

sintieras que puedes…

La estrategia puede ser difícil al principio y requiere que practiques visualizando los mejores resultados posibles, pero es una excelente manera de manejar cualquier situación difícil.

Estar en el momento presente (el famoso aquí y ahora)

Es muy importante ensayar y dominar tu presentación, pero no se trata de quedar tan atrapado en ella que te conviertas en un robot que recita un discurso ignorando a su audiencia.

Los mejores oradores son atractivos porque están en sintonía con los sentimientos de su audiencia y lo que necesitan de ellos.

Por ejemplo, si estás explicando una parte de tu discurso basada en datos y ves que los ojos de muchas personas se ponen vidriosos, sabes que estás aburriendo a tu audiencia. Cuando esto sucede, debes recuperar su atención contando un chiste, haciendo un punto interesante, compartiendo una historia…

O quizás ves a varias personas tomando notas con furia. Esta es una señal de que debe reducir la velocidad para darles tiempo de registrar la información que desean.

Estar en el presente para notar cambios sutiles en tu audiencia, te permite dar un discurso más efectivo al responder a sus necesidades en el momento.

No seas aburrid@

No importa lo grandioso y vital que sea tu mensaje, nunca inspirarás a tu audiencia y llevarla a la acción si aburres con una presentación estática y monótona.

La forma más fácil de ser más interesante es añadir contraste a tu contenido y lenguaje corporal. Puedes hacer esto alternando entre historias y datos, cambiando el tono de tu voz para reflejar la emoción y/o la importancia de lo que estás diciendo, y usando gestos y movimientos con las manos para que sea un orador dinámico tanto para mirar como para escuchar.

Te puede interesar este artículo: CÓMO HABLAR CÓMODAMENTE ANTE LA CÁMARA

¿Estás preparad@ para improvisar?

Hablar en público es impredecible. Desde proyectores defectuosos hasta cambios de última hora, los problemas surgen inevitablemente y si no estás preparado, pueden arruinarlo todo.

El beneficio de pasar por un proceso de ensayo en profundidad no es solo para que te sientas seguridad de tus conocimientos, sino que, cuando las cosas van mal, como conoces el contenido de tu discurso tan bien; puedes improvisar sin perderte.

La forma más sencilla de mejorar tus habilidades de improvisación es practicar la presentación simulando el peor de los casos, como no tener las diapositivas y darte cuenta cuando ya es tarde o escuchar que hay un problema con tu producto justo antes de hacer la presentación…

El miedo es una emoción y va a estar ahí, si nos centramos en los puntos que he comentado, estarás focalizando la atención en eliminar inseguridades, en los demás, en tu propio discurso y no estarás tanto en ti mismo y tus nervios. Es decir, a través de la ACCIÓN.

¡Me encantará que apliques estos consejos! Recuerda practicarlos hasta que se conviertan en tuyos. Y lo más importante, siempre habla con el corazón y siempre di la verdad. No hace falta decirlo, pero estas tácticas solo funcionan cuando eres auténtico y honesto. No tengo ninguna duda de que puedes usar tus ideas para cambiar el mundo, ¡solo tienes que entregarlas de manera que la gente las escuche!

Recuerda, muchas veces tenemos miedo es a brillar.

¿Quieres practicar eso de no tener miedo a brillar? ¡Habla conmigo! hablemos@nataliabravo.es o echa un vistazo a mis próximos talleres:

SHARE:
hablar en público 0 Replies to “¿De qué tienes miedo realmente?”
Admin
Natalia Bravo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *