7 de julio de 2021

De muletillas y tics va la inseguridad

Hace poco una niña que está cursando estudios de Primaria, me contó que tenía nueva profesora; ya era la tercera en pocos meses de curso. En su segundo o tercer día de clase con la nueva profesora, ya hablaba de ella sin mucho entusiasmo. Claro, cuando te acostumbras a un profesor y se va, después viene otro y se va… al tercero ya no le quieres tanto; mecanismo de protección emocional ante el abandono, pensé yo con mis estudios de psicología low cost. 

Lo primero que resaltó de ella fue que decía ‘vale’ para todo. Es decir, remataba cada frase con un ‘vale?’. La niña me contaba esto mientras se arreglaba la camiseta de forma compulsiva cada vez que tenía que arrancar a hablar. Este hábito, esta compulsión fruto de la vergüenza o de la inseguridad, resulta entrañable en la niña; no tanto en la persona adulta a quien ya le presuponemos una preparación, madurez, estudios, profesionalidad… 

Si nuestro cerebro fuese el escritorio de un ordenador en el que organizamos todo mediante carpetas, la profesora desde el minuto uno, ya había entrado en la carpeta de ‘no-sé-por-qué-pero-no-me-fío-de-esta’ de la niña; que es subcarpeta a su vez de ‘personas-a-las-que-no-escucho’. 

¿Solo por el ‘vale’? me preguntaréis… El ‘vale?’ es una muletilla, un mal hábito ante todo, un vicio como diría mi madre, que no controlas… te controla él a ti… osea, un vicio.

Decía Aristóteles que “El habla es la representación de la mente” lo que decimos cuando hablamos y cómo lo decimos representa el fenómeno de nuestros pensamientos expresados en un contexto social que da sentido a las palabras que utilizamos dada cierta tradición.

La habilidad de comunicarnos de manera efectiva es fundamental en cada aspecto de nuestra vida. Un buen comunicador alcanzará más rápido sus objetivos si se expresa de manera correcta, ya que, al hablar de forma adecuada expresamos nuestros pensamientos de manera que los demás puedan comprendernos y así evitamos la barrera del malentendido. Por otro lado, hay una relación intrínseca entre la comunicación que generamos y nuestro proceso de pensamiento, es decir, la forma como estructuramos nuestros pensamientos y los expresamos a los otros, por lo tanto, es fundamental lograr una estructura conceptual en nuestros discursos. 

Creemos que hablar como lo hacemos cotidianamente es la forma correcta de hablar cuando estamos ante un público, sin embargo, esto no es del todo correcto ya que cuando hablamos ante un público debemos tener cuidado de las voces que salen de nuestro interior, existe una exigencia mayor

Vamos al asunto… ¿Qué es una muletilla?

La Real Academia Española (RAE) la define como: Voz o frase que se repite mucho por hábito. Dicho en otras palabras la muletilla o estribillo es un vicio del lenguaje porque utiliza palabras, frases o expresiones innecesarias de manera constante. No son necesarias en el idioma ni para comunicarnos correctamente, de hecho una persona que utiliza demasiadas muletillas puede quitar importancia a su discurso y hacer que las personas se enfoquen más en la muletilla que en lo que está queriendo expresar. 

Las muletillas más comunes son:  “este…”, “pero…”, “eh…”, “a ver…”, “¿se entiende?”, “¿hace sentido?”, “mmm…”, “asimismo…”, “¿no?”, “sí?”, “OK”, “Pero…”, “Pues nada, eso…”, “¿Sabes qué?”, “Verdaderamente”, “En verdad”, “Así es”, «Tal cual». 

¿Por qué usamos muletillas? 1.     ganar tiempo cuando se nos ha olvidado la idea que queremos expresar 2.     es una mala costumbre al hablar adquirida hace tiempo y no corregida. 3.     creemos, sin razón, que así hablamos y que es así es como la gente habla normalmente. Tenemos la falsa creencia que para ser naturales, hay que hablar así. 4.     falta de vocabulario. Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje. Ludwig Wittgenstein. 5.     Inseguridad. 6.     Nervios. 7.     Vergüenza. 8.     ¿Se te ocurre alguna razón más? 

Es importante tener en cuenta que es una palabra o un sonido que no aplica sentido propiamente dicho a la esencia de lo que se busca transmitir y que, por tanto, queda descolgada. Y al ser repetida una y otra vez durante la alocución, aburre, cansa y transmite varias sensaciones desafortunadas: falta de preparación, insolvencia en el tema, poco léxico, bajo profesionalismo, inseguridad y miedo a hablar en público.  De aquí podríamos deducir que la niña catalogara a la nueva profesora como alguien inseguro, falto de preparación y que por tanto no hay que hacer caso… ¿exagero? Puede que sí, pero ¿por qué no las eliminamos?  Consejos para eliminar las muletillasDos consideraciones previas:1.Cuando hablo de discurso, me refiero a cualquier mensaje del que esperamos una respuesta, cambio de actitud o comportamiento por parte del receptor; siendo igual que el receptor sea un familiar, un grupo de colaboradores, empleados… o un discurso ante el público. 2.     En comunicación existen tres tipos de inseguridades: qué digo, cómo lo voy a decir y las inseguridades personales. Mi consejo: eliminar cuantas más inseguridades mejor, preparando a conciencia el mensaje, entrenar…

Crea consciencia de su uso (o reconocer que tenemos un vicio, como diría mi madre). Todos las utilizamos, y al hablar en cada ámbito de la vida, por lo general, no nos damos cuenta de ello. En promedio usamos 5 muletillas por minuto. Al final el uso de una muletilla es un hábito y, como tal, pasa desapercibido la mayor parte del tiempo, por lo tanto, lo primero que debemos hacer es crear conciencia de su uso y detectar qué muletilla o muletillas estamos utilizando. 

Estructura tu mensaje. La mejor forma de concentrarte en lo que se dice es saber lo que se quiere decir, esto implica un trabajo previo de estructura de tu mensaje. Da una apertura a tu discurso una introducción, un desarrollo y por último un cierre. 

Lee mucho. Tener un amplio vocabulario ayuda a evitar muletillas, esto sucede ya que la función de una muletilla es de conector de ideas y la utilizamos para hacer tiempo cuando no encontramos la palabra que estamos buscando, si tenemos el hábito de la lectura ampliaremos nuestro vocabulario y la cantidad de palabras que manejamos, esto nos ayudará al momento de estar hablando frente a una audiencia a tener más variedad de palabras. 

El valor de las pausas. Mucha gente tiene miedo a los silencios, pensando que estos no son buenos en el discurso y tratan de evitarlos a toda costa, sin embargo, un buen manejo de los silencios da a nuestro discurso más dramatismo y profundidad. Tomate el tiempo para pensar la palabra que estás buscando. Frena y haz una pausa. La mayoría de las personas piensan que ser verborrágicas y hablar sin parar es garantía de ritmo. Puede que sea garantía de velocidad, que no es lo mismo. Cuando vayas a decir tus muletillas, toma uno o dos segundos. Detén por completo tu oratoria, toma consciencia de tu dificultad, y continúa expresando la idea que sigue. Los silencios en oratoria son tan valiosos como en la música. Un buen ejercicio es el de coger un fragmento de nuestro discurso y hacer una pausa de varios segundos después de cada frase. Lo mejor es que alguien nos cronometre, por ejemplo hasta 5 segundos. Para el que habla el tiempo es eterno… pero solo lo parece, en realidad, el tiempo es relativo. 

Utiliza frases puente. Hay miles de frases adecuadas que puedes incorporar a tu oratoria, para establecer puentes según el sentido de lo que expresas. A diferencia de las muletillas, éstas sirven para acentuar tus ideas. Algunos ejemplos son: Además, De igual forma, Me interesa resaltar que…, Quisiera enfatizar, Una idea central de este aspecto es, Para movernos y avanzar, Tal como hemos visto, Sin embargo, Avanzando en esta conferencia, y cualquier otra construcción gramatical que permita transmitir contenido sin estar vacía o hueca.  Repite la última palabra del párrafo anterior. Este es un recurso sencillo de implementar. Enfatizas la última o últimas palabras que has dicho; luego, haces una pausa de uno o dos segundos; y retomas, repitiendo con otra entonación lo mismo que expresaste. Te ahorrarás tus muletillas de siempre. Ejemplo: supongamos que finalizas diciendo “… y de esta forma concluiremos esta parte del proyecto.”  (Pausa) Retomarías, por ejemplo, con: “Esta parte del proyecto requiere que ahora pasemos a analizar juntos…”  Y de esa forma, estableces una comunicación entre lo anterior y lo presente, sin necesidad de tus molestas muletillas.  Enfoca tu idea antes de seguir hablando. Otro error frecuente es que la muletilla aparece cuando tienes la sensación de que te quedas “en blanco”. Ese instante de milésimas de segundo parece que define todo en tu cerebro y que ya no podrás continuar. Tranquilo: haz una pausa muy breve y concentra tu cerebro y tu actitud corporal para enfocar la siguiente idea. Una vez que la tienes -por ejemplo, con la ayuda de la imagen en pantalla que sigue, o una tarjeta con la estructura principal de tu discurso-, sigues adelante. Cuando sales de una pequeña pausa sería conveniente que tu tono de voz sea un poco más arriba que tu último final de frase, para marcar la diferencia. Es como un “punto y aparte” en la escritura.  No temas si no te sale la palabra precisa: dilo claramente. Si estás hablando y, de pronto, olvidas una palabra exacta que redondea tu idea, díselo al público: serás bien recibido y te ayudarán a traerla a tu memoria. Estos pequeños gestos de humildad del orador crean una gran empatía con el auditorio, sin abusar.  Si te equivocas, sigue. El orador inexperto suele meter las muletillas cuando se equivoca, y, para salir del paso, siempre quiere decir algo. Lo mejor que puedes hacer es silencio; o bien, asumir que te equivocaste, y sigues adelante. No pasa nada e, incluso, humaniza tu presentación, si lo haces en forma moderada y no continuamente -en ese caso, las personas dejarán de confiar en ti-.  Aprovecha y recibe feedback del público. El espacio entre una idea y otra, cuando no logras “coserla” o “enhebrarla”, puede ser el momento ideal para evitar tu muletilla lanzando una pregunta retórica (esas que se responden usualmente por sí o no), y, de paso, calibras a tu audiencia. Antes de seguir con la muletilla recurrente, cámbiala por “¿Cómo vamos hasta aquí?”, “¿Avanzamos?, “Si les parece bien, al final tomaré preguntas”, y cualquier otra frase por el estilo. De paso, sumas un feedback de la gente, y te nutres en tu energía y discurso.  Ante todo, insisto; el primer paso es ser consciente de las muletillas que utilizamos y, a partir de aquí, corregirnos cada vez que veamos que vamos a decirla con u nsilencio, un conector…  Te invito a que sigas preparándote constantemente y tomes conciencia de la importancia de la forma como comunicamos nuestros pensamiento e ideas. Recuerda “La forma altera el contenido”. Por lo tanto, es a través de una buena comunicación que podemos conectarnos, de manera más efectiva, con los demás y con nuestro entorno. 

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Admin
Natalia Bravo

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