16 de septiembre de 2021

Cuando hablas en público, ¿controlas el espacio físico?

… o él te controla a ti…

En mis clases suelo hacer un juego muy sencillo. Se trata de imaginar que delante de nosotros, en el suelo, tenemos un rectángulo. Cuando estamos fuera de este rectángulo imaginario, nos comportamos y hablamos como lo solemos hacer normalmente con nuestras amistades, nuestros familiares, tomando un café con compañeros de trabajo… Fuera del rectángulo, somos un ‘yo normal’. Al entrar en el rectángulo imaginario, nos hacemos conscientes de nosotros, de nuestro cuerpo, nuestra postura, mirada… nos ponemos en modo ‘yo especial’. Nos colocamos en modo ‘voy a hablar a una audiencia’.

Es un juego de imaginación que sirve para interiorizar la diferencia existente entre el espacio privado (fuera del rectángulo) y el espacio público (dentro del rectángulo).

Cometemos el error de pensar que al hablar delante de un grupo de personas, más o menos numeroso, o delante de una cámara – y para no perder naturalidad – debemos de comportarnos y hablar como lo hacemos normalmente, es decir, en el espacio privado. Pero en este espacio no utilizamos ese ‘yo especial’, nos quedamos en un ‘yo normal’ que posiblemente esté focalizado en atraer, conectar o despertar interés.

Conseguir la naturalidad al hablar en el espacio público, este es el gran reto y se consigue con técnica y práctica; como decimos en el mundo del teatro, pisando tablas.

Otra cosa que ocurre es esa sensación de que el espacio nos come. El hecho de estar delante de un grupo de personas o de una cámara, provoca el efecto de hacernos pequeñitos y ante esto, solo queremos escondernos. Cuanto menos nos ve el público, más seguros nos sentimos, más protegidos; pero también comunicamos menos. Cuanto más nos ve la audiencia, menos protegidos estamos y, por tanto, menos seguros nos sentimos; pero más transmitiremos.

Para poder hablar en público con eficacia debemos conseguir tener un buen dominio del espacio físico en el que se desarrolla nuestra intervención. 

En mis sesiones de oratoria y hablar en público, insisto en que hablemos de pie, sin nada por delante, para conseguir que podamos movernos por el escenario con tranquilidad, con dominio del espacio, mirando al público. De este modo es como se establece la mejor comunicación física, que contribuye directamente a la más eficiente comunicación oral y conexión con tu público.

Claro que, en estas circunstancias, estamos más expuesto al público que verá de forma más fácil si somos o no atractivos, si sabemos movernos, si estamos tranquilos, si estamos seguros, si nos movemos con elegancia o si estamos nerviosos y nos movemos con torpeza… Estos son los pequeños factores que influyen de un modo directo en el éxito o fracaso del orador.

Para hablar delante de un grupo de personas, se debe tener un buen control del espacio físico. Se trata de utilizar de forma consciente y adecuada los movimientos, con el fin de dotar al discurso de la mayor eficacia comunicativa. El buen orador no controla sólo la palabra, sino cada uno de los movimientos de su cuerpo, para conseguir una comunicación eficaz.

Para ello, son necesarias dos cosas: control del espacio físico y fluidez corporal. En este artículo me centraré en el espacio.

Cualquier espacio en el que nos coloquemos para dar un mensaje, ya sea a un grupo pequeño de colaboradores, un discurso a una gran audiencia, una exposición, una sesión de formación (profesores y formadores, también nos dedicamos a esto de hablar en público)… cualquier espacio, repito, se convierte en un espacio escénico. De aquí el entrenar a mis alumnos con juegos de rectángulos imaginarios… Y cualquier espacio escénico tiene puntos fuertes y débiles, zonas calientes y frías…. Es mejor que los conozcas porque el cómo nos movemos por este espacio, nuestro control del espacio; determinará que el púbico perciba en nosotros seguridad, que tenga ganas de escucharnos, que somos dignos de confianza y, por tanto, nos creerán.

Tenemos algo que decir a una audiencia y lo hemos ensayado un poco en casa, sentados en nuestro escritorio, en el sofá… pero ¿qué ocurre cuando nos vemos en el espacio escénico delante de la gente?

Allan Pease dice que, dada su distancia relativa, los pies son la parte del cuerpo más alejada del cerebro; por ello van por libre sin que nos demos cuenta. El movimiento errante de nuestros pies que, inconscientemente nos piden salir pitando para sobrevivir, tiene dos consecuencias negativas: muestra inseguridad, debido a esas ganas inmensas de salir corriendo y distrae, porque el movimiento hace que la atención de la gente pase a los pies cuando debería de estar en la cara y en los gestos de las manos, que es de donde sale el mensaje.

Luego está el otro extremo: quedarse quieto durante toda la charla en un mismo punto, a veces incluso protegido de la audiencia por el muro inescrutable del atril o de una mesa.

Ninguna opción es recomendable: ambas pueden hacerte desconectar de tu audiencia.

Las piernas y las manos son las dos partes del cuerpo que reaccionan a la ansiedad y al nerviosismo. En comunicación decimos que son las dos zonas del cuerpo de “derivaciones psicológicas “. La tensión mental que sentimos hablando, provoca la necesidad de caminar de manera descontrolada para liberar la tensión mental y física o de apoyarnos más en una cadera. Si estamos sentados vamos a cruzar los pies debajo de la silla o las piernas debajo de la silla. Cualquier impacto emocional tiene una repercusión sobre el lenguaje corporal. Es el cuerpo que nos traiciona de manera inconsciente. El público de hoy es tremendamente visual y es capaz de detectar dicha tensión con los gestos que hacemos y los desplazamientos descontrolados en el escenario.

Además, quien se dedica a caminar de un lado a otro del escenario pierde el contacto visual con el público (destinatario del mensaje) y se centra solamente en el contenido, baja la voz, habla rápido y en un tono monocorde (aburrido). Es importante evitar mostrar inseguridad y distraer a tu público.

Para evitar mostrar inseguridad y distraer a tu público, quédate en un lugar fijo; conseguirás que la atención se mantenga en tu cara y en tus gestos. Para ayudarte, mantén los pies inmóviles a la altura de los hombros.

Es decir, permanece quieto principalmente en momentos clave de tu discurso en los que no puedes darte el lujo de que la gente se distraiga.

Pero no te quedes inmóvil durante toda tu ponencia. El movimiento en el escenario puede ser positivo si te desplazas de un lado a otro para acercarte a la gente o para moverte en una línea temporal si cuentas una historia. La clave está en hacerlo con un propósito específico, en momentos de transición, y no porque tu inseguridad te obligue a hacerlo.

Sabiendo que cada 15 minutos el público se desconcentra (si somos buenos) podemos prever un desplazamiento corto (no más de tres pasos). Nos desplazamos para destacar una idea clave y llamar la atención del público, un desplazamiento corto marcando un silencio va a reforzar la escucha y provocar expectativas de parte del público. El desplazamiento se hace en momentos claves de la presentación. Lo podemos programar después de una pregunta retórica o para convencer con frases de acción o de motivación.

Nos desplazamos en silencio con tres pasos máximos laterales o de frente mirando al público y retomamos la palabra una vez parados. Este desplazamiento silencioso va a dar importancia a lo que vamos a decir y crea expectativas.

Este tipo de desplazamiento impacta al público y demuestra credibilidad y control de la comunicación.

Recuerda:

  • puedes dar mayor potencia a tu discurso manteniendo los pies inmóviles y sólo desplazándote de un lado a otro con un fin determinado. Tu mensaje tendrá mayor impacto y alcanzarás más fácilmente tu objetivo.
  • deberías estar quieto en el escenario cuando quieras transmitir una idea. Si estás en un punto fijo, la atención de la audiencia está sobre ti.
  • Idealmente, deberías tener un punto sobre el escenario para cada punto que quieras transmitir. Por ejemplo, digamos que empiezas tu discurso en el medio. Para cada punto que quieras hacer llegar, puedes utilizar un punto diferente sobre el escenario – así la audiencia asociará tu mensaje con tu presencia física.
  • Muévete durante las transiciones entre puntos, sabiendo exactamente adónde quieres ir. Si caminassabiendo tu destino, tus movimientos serán más precisos. Serán más limpios. Gobernarás ese escenario.
  • Durante las transiciones entre movimientos, tómate el tiempo para pausar, respirar, y mirar a tu audiencia. Esto funciona de maravilla tras hacer una pregunta retórica. Y si quieres hablar, utiliza frases que vayan apoyadas por el movimiento (por ejemplo, «esto nos lleva a la siguiente pregunta»). No digas nada importante mientras caminas, o tus palabras pueden perderse en el movimiento.
  • Es recomendable dividir el discurso en partes principales y hacer un diagrama mental del espacio, procurando cambiar de lugar cada vez que se quiere transmitir una idea diferente. Por supuesto, cuando llegas al espacio real en el que tendrás que lanzar el mensaje, si es menor de lo que se había imaginado, nos adaptamos: los movimientos quedarán más sutiles pero aun llamarán la atención si se acompañan con una buena modulación vocal.

Pero ¿por dónde nos movemos?

Como he dicho antes, cualquier lugar en el que tengamos que lanzar un mensaje: sala, aula formativa, escenario… todo es un espacio escénico y se comporta igual que un escenario de teatro.

Si dividimos el espacio en dos mitades a tarvés de un eje vertical, obtemos una serie de puntos débiles y fuertes. Los puntos fuertes serían el 1, 4 y 5. Los puntos débiles son 2 y 3 puesto que están en los extremos. Las equis corresponde a zonas borrosas.

El punto 1 es el más fuerte, es el centro. El punto 4 es fuerte y misterioso, digamos que en un espectáculo tendría la fuerza del efecto dramático. Por ejemplo, si aparecemos en escena, desde el fondo al punto 1; tiene más efecto que si lo hacemos apareciendo desde un lateral.

El punto 5 es fuerte y muy íntimo. Se trata de utilizarlo cuando lo que estamos diciendo requiere acercarse al público, crear confiaza, cercanía.

En Occidente, escribimos y leemos de izquierda a derecha; así que la diagonal más importante es la 1; así que, mucho mejor utilizar esta diagonal. Por ejemplo, para salir al espacio escénico, hacerlo con esta diagonal y de detrás hacia delante hasta colocarnos en el punto 1 del apartado anterior. Desde el punto 1 podemos desplazarnos un poco, sin llegar al extremo, en diagonal. Los desplazamientos, mejor hacerlos siempre en diagonal.

El plano 1, más cercano al público, siempre será más importante y conforme nos alejamos de él; menos importancia tendremos. Cuando tenemos una pizarra o una pantalla en el fondo y nos acercamos demasiado a ellas, deberíamos de tener cuidado porque en realidad, nos estamos alejando del público, estamos dejando de tener importancia para él.

Recordad que a cada punto importante podemos hacer un desplazamiento y si es en diagonal, mejor. Nuestra referencia siempreserá el punto 1, el centro.

Caminar sin sentido y estar de pie sin moverse son dos cosas muy comunes cuando se está nervioso. Aprende a controlar tus movimientos, y proyectarás más confianza. Aprende a controlarlo, y gobernarás el escenario.

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comunicación, hablar en público, lenguaje corporal 0 Replies to “Cuando hablas en público, ¿controlas el espacio físico?”
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Natalia Bravo

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