3 de agosto de 2021

Ante todo, soy contadora de historias

Lo que la mujer mejillón aprendió del hombre pulpo

Durante toda mi vida viví en mitad de la nada o en medio de todo. Bien pensado, ha sido una no vida a medio camino de muchos caminos sin final.

Si delante de ti tienes infinidad de caminos y no sigues ninguno, te conviertes en el centro de todos ellos y puedes llegar a creer que tú misma eres centro, el punto más importante del mundo. Pero en realidad, no te has movido, no has caminado, te has quedado paralizada. Y eso que llamas mundo no es más que una porción minúscula de tierra.

Ahora, al pensar en mí misma, solo veo una piedra gris, inmóvil en mitad de un camino por el que pasan caminantes y yo, soberbia, riéndome de sus vidas, de esos infelices que caminan buscando ¿Encontrarán algo?  

Y yo, ajena a todo sin darme cuenta de que el viento, la lluvia, el sol; lo más básico y esencial de esta vida, me desgastan.

Y yo sin ver que soy roca inerte. Sin espejos; creí que no me hacían falta, ilusa, no noté como alrededor de mi cuerpo se formaba un coraza negra construida con las sustancias más tóxicas que existen en la Naturaleza.

Conservo pocas fotos de nada, solo una encontré de cuando era una joven mujer con vida, ¿era yo? Tenía más cara de viento que de roca. Apenas me reconocí.

En aquella época yo era viento que vivía en un lugar demasiado estrecho. Soñaba con volar y soplar a los barcos. Me preguntaba por qué había nacido en un lugar lleno de piedras si mi alma olía a viento de mar.

Una piedra en forma de hombre o un hombre disfrazado de piedra se fijó en mí, en mis ansias de soplar y me quiso tener. ¿Eres marinero? No soy marinero, soy fuerte, sólido; yo no me muevo, permanezco, siempre estoy y guardo secretos mucho más profundos que el mar. Nunca seré tuya

Me adentré en el hombre roca. Estaba tan vacío que me quedé para darle compañía. Era una roca hueca sin latido, sin secretos. Yo quise darle soplo. Soplaré al hombre roca que me necesita más que los marineros. Y yo cada vez tenía menos soplo. Dentro de una roca hay muy poco espacio para coger aire.

El hombre roca tenía mujer roca. Las rocas huecas son propensas a llenarse de impurezas. La ira de la mujer roca destrozó mi soplo. Me quedé inerte, hueca, sin latido. Sola y sin soplo.

Desde entonces, he vivido en mitad de la nada o del todo, pertrechada en mi casa construida de las peores sustancias que guarda la Naturaleza, una roca formada por rencores acumulados en años de vida de roca.

Con mi roca hueca me hice un caparazón negro de odio y miedo. ¿Acaso no es lo mismo?

Mi caparazón tiene arrugas, surcos duros y negros. Mi caparazón cada vez más hueco y quieto, haciendo acopio de orgullo y creyendo que estar inmóvil era ser centro del mundo. Cuando solo es miedo. Odiando todo y a todos y causando dolor porque era mi derecho. Cuando solo se debía a que es más fácil infringir dolor que sentirlo.

Nunca me importó vivir así, hasta que un día, como juego, me puse a contar. Una, dos, tres, cuatro… Cuatro arrugas en la frente, tres en cada contorno de mis ojos. Mis arrugas no estaban llenas de cosas vividas, eran solo huecos.

La arruga más profunda, mi corazón.

Cómo me gustaría tener corazones de repuesto. Suspiré.

Un latido fuerte. Nunca había visto el mar, nunca lo respiré ni toqué sus aguas. Sentí un impulso. Y allí estaba yo. Podía sentir el viento con olor a mar.

Quiero ser viento. Deseé.

Entre una neblina apareció un hombre fuerte y sin esqueleto. Reptaba por la orilla. Hola mujer mejillón. No temas.

Quise hacerle daño.

Quítate el caparazón, mujer mejillón. Solo soy un marinero caído al mar y convertido en pulpo por algún dios piadoso.

Quítate el caparazón, mujer mejillón. El hombre pulpo acercó su mano sobre mi coraza. No pude dañarlo. Déjame sujetarme en cada una de tus arrugas hasta llegar a tus ojos.

¿Sabes que lo pulpos son seres muy inteligentes? No tienen caparazón. Si fueran tan listos no se dejarían atrapar fácilmente. No lo entiendes. Tienen tres corazones no necesitan caparazón. ¿Cómo se puede vivir con tres corazones? Sin pensar, viviendo; para eso tenemos nueve cerebros.

Me vi en sus ojos. Descubrí infinitos secretos. Soplé.

Me he despojado del caparazón, puede que no viva más o puede que viva para siempre. Vivir en el mar no me ha permitido acumular riquezas, hija mía; así que todo lo que puedo dejarte es lo que aprendí del hombre pulpo.

Natalia Bravo

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